Seamos sinceros: el álbum de Playboi Carti, 'I AM MUSIC', un evento defectuoso por naturaleza. El Frankenstein contemporáneo más anticipado de los últimos años en el mundo del Rap es lo que es: un disco mediocre para oyentes mediocres, aquellos que quizá jamás le han echado el diente a un buen y comatoso disco de Memphis Rap. Hay algo del Carti de sus anteriores estados mentales y sus anteriores personalidades, muchos sintetizadores y ruido, pero todo está frito en un aceite que lleva restos del Kanye, del Future, del Lil Wayne (al que le coge prestado el título del disco) o del Travis Scott que ya ha masticado, deglutido y digerido.

30 cortes que responden proporcionalmente a la ansiedad de las legiones de vamps y creyentes Opium-core que han visto como en casi una decena de ocasiones tenían una tremenda subida dopamínica enlazada con un aún más rápido vacío existencial. Esos superfáns están acomodados en la subida acelerada y la caída estrepitosa. Ahora, esos fanáticos de Carti ya no tienen nada a lo que atender, nada que esperar; no tienen nada más que revolverse en esa reproducción mastodóntica plagada de autoindulgencia y fragmentos rescatados de allí y de allá (extraídos de vete a saber los cientos de versiones que ha habido del álbum previas a la oficial).

Me importa más bien poco si 'I AM MUSIC' es un disco notable o transitorio, decadente o deslumbrante (o ambos) importante o no, o si supone la mayor manifestación del rapero de Atlanta que más se acerca a la disrupción mainstream en la actualidad. Lo que me importa es lo que representa Playboi Carti en el contexto musical y artístico actual: me importa como arquetipo cultural y muy poco como música. Me importa como anticristo, como antagonista en un mundo de antagonistas. Creo, y así voy a trasladarlo, que el disco más esperado del ecosistema Rap en décadas no es más que un amasado de vísceras, influencias, recursos comerciales, contradicciones y algunos beats perfectos que sostienen lo realmente importante: la personalidad de Carti.

Aquí un diccionario de posibles puntos de vista, estados, emanaciones y/o atributos de una personalidad fractal que resulta en uno de los más concisos ejemplos de lo que significa el artistazgo en la contemporaneidad. Escritos con vocación de ser comprendidos, es decir: que sean registros accesibles para cualquier lector y no explicaciones demasiado sobrecargadas de contexto específico a.k.a. hipertextualización nicho.

Advertencia: estos apartados han sido deliberadamente construidos sobre el template 'I AM _______'; es sabido de antemano que no todos son correctos ortográficamente.

I AM ATLIEN

Playboi Carti encarna la figura del "alien cultural", heredero consciente del legado afro-futurista planteado por André 3000 en 'ATLiens'. Este rechazo radical a lo humano convencional y a las estructuras culturales dominantes refleja una auto-exclusión deliberada y una resistencia epistemológica hacia la normatividad identitaria. Carti utiliza esta alienación como un método de crítica cultural implícita, una respuesta filosófica al esencialismo identitario, rechazando cualquier intento de clasificación que imponga el sistema cultural contemporáneo.

La condición de 'ATLiens' se amplifica digitalmente en Carti, quien intensifica el desarraigo y la extranjería cultural como arma discursiva contra la homogeneización mediática. Al presentarse siempre desde los márgenes, la periferia perpetua, Carti evidencia y subraya la fragilidad inherente a cualquier noción centralizada de cultura, proponiendo en su lugar una subjetividad fluida e indefinida, irreductible a categorías fijas y limitantes.

I AM SHAPE

Carti materializa la hegemonía de la forma pura en el rap contemporáneo, evocando el espíritu del formalismo artístico de mediados del siglo XX. Su música abandona deliberadamente la tradición narrativa, desplazando el énfasis desde la significación lingüística hacia la textura sonora y la plasticidad vocal. En este sentido, Carti actúa como un escultor minimalista que convierte las palabras en formas abstractas, sonidos vacíos de significado intrínseco, pero plenos en poder expresivo.

Esta reducción radical al gesto estético puro obliga al oyente a confrontar directamente la materialidad misma del sonido, invitando a una percepción fenomenológica más que hermenéutica. Carti así redefine la función del lenguaje en la música rap, transformándolo en puro fenómeno auditivo y estético, en lugar de vehículo de comunicación o transmisión simbólica.

En una época en la que el rap privilegia la forma sobre el contenido, Carti es la encarnación absoluta de esta lógica. Su música opera como una escultura minimalista sonora, donde las letras pierden relevancia frente a la estética vocal. Como Donald Judd en la escultura minimalista, Carti descarta el mensaje profundo, priorizando cómo se dice sobre qué se dice. Su voz no comunica significados explícitos, sino texturas, sonidos puros que afectan al oyente directamente, convirtiéndolo en un artista que manipula formas sonoras antes que conceptos líricos tradicionales.

Esta predominancia de la forma implica también un desplazamiento del valor cultural desde el significado hacia la sensación inmediata. La obra de Carti obliga al oyente a reconsiderar cómo interactúa con la música, enfocándose en las respuestas emocionales y físicas antes que en la interpretación intelectual. Su enfoque radical sobre la forma redefine profundamente lo que esperamos de la música contemporánea.

I AM ANTI-MUSIC

Playboi Carti adopta conscientemente una postura terrorista/fundamentalista frente a la música convencional. Realmente parece querer destruir la música más que contribuir a ella. Al margen de algunas concesiones, cameos y obligaciones comerciales, sus composiciones parecen sabotear las estructuras musicales establecidas, atacando frontalmente los convencionalismos o lo consolidado musicalmente hablando. Cuando aparecen los beats abrasivos, repetitivos y disonantes, el Carti más confrontativo convierte su música en un acto político implícito contra la hegemonía del mercado musical.

Al mismo tiempo, esta anti-música tiene una función catártica: al liberar al oyente de las expectativas tradicionales, Carti proporciona una experiencia liberadora que puede interpretarse como un acto de resistencia frente al conformismo cultural. Su obra no solo destruye, sino que también abre nuevas posibilidades para entender y disfrutar la música en un contexto cultural saturado.

En una actitud próxima al nihilismo musical, Carti se posiciona como destructor consciente de las estructuras convencionales del sonido, comparable al gesto dadaísta de principios del siglo XX. Su música funciona mediante un proceso sistemático de sabotaje estético, cuestionando y desestabilizando todas las reglas convencionales de la armonía, el ritmo y la producción musical contemporánea.

I AM CONTEMPORARY PSYCHEDELIA

La música de Carti puede definirse como una nueva psicodelia digital. Un Opium diseminado y inoculado a través de la descentralización de Internet. La sobreestimulación auditiva, la fragmentación, los cambios radicales de tono y la repetición hipnótica generan efectos psicológicos similares a los inducidos por sustancias psicodélicas. Esta nueva psicodelia digital desafía al oyente con experiencias sensoriales intensas que alteran la percepción ordinaria, produciendo estados de trance y fatiga deliberados, revelando así la naturaleza fragmentada y acelerada de la vida contemporánea.

Esta forma moderna de psicodelia es especialmente relevante en una era en que la realidad digital y física están cada vez más fusionadas. La música de Carti funciona como un espejo distorsionado de esta realidad, magia negra y hechizos digitales que nos obligan a confrontar nuestra propia percepción alterada del mundo y reflexionar sobre cómo consumimos cultura en la era digital.

I AM DEAD OF SAMPLING