Los Premios Grammy no me interesan en absoluto y aunque no comparta moralmente la enésima estrategia mediática de Ye (Kanye West), tengo que confesar que me parece que he disfrutado con el revuelo: les está bien merecido. ¿A quién? Pues a los Grammy justamente: un espectáculo totalmente previsible en el que ya se anunció la ganadora del álbum del año hace, justamente, un año (XD).
Luego hay algunos que se preguntan por qué Beyoncé no ha sido trending topic habiendo conseguido, por fin, el galardón principal y, además, habiendo ganado el polémico premio a Mejor Álbum de Country (probando que, todas las críticas y bloqueos que hubo del material en emisoras nicho y especializadas, no eran más que parte de la estrategia).
Tengo que confesar que me encanta escribir sobre West; sinceramente, creo que mi estado llega a la disociación porque hay algo dentro de mí que odia la forma en la que se comporta pero existe otra que tiene la obligación de analizar sus métodos de disrupción para así entender un poco mejor el mundo en el que nos encontramos.

Imprevisibilidad > Previsibilidad y Ye como "arquitecto del ruido".
Ye estaba invitado a los Premios Grammy (a pesar de lo que se comentó horas después de la gala) porque le hacían competir como Mejor Canción de Rap con el sencillo 'Carnival', pero a él le importaba más que se tenía que presentar la primera vez que Yeezy, su corporación, *lanzaba prendas diseñadas para mujer.
Él y su mujer, Bianca Censori, fueron entonces expulsados del evento tras la performance acontecida en la alfombra roja: tras llegar al photocall con un look más o menos parejo, estilo total black, la arquitecta se dio la vuelta y comenzó a bajar su abrigo poco a poco. Así, se mostró con una malla transparente mostrando su cuerpo desnudo.
Mi muy leído Jean Baudrillard, en su teoría sobre la hiperrealidad, argumenta que la sociedad posmoderna ha llegado a un punto en el que la representación ha sustituido lo real. Ye parece asimilar y operar con este principio como axioma fundamental de su existencia pública. En su narrativa, el desnudo de Bianca Censori no es solo un acto de provocación, sino un signo dentro de un sistema de signos que ya no remiten a nada más que a sí mismos. La desnudez deja de ser un escándalo real y se convierte en un mecanismo de atención autocontenido.
Bianca no es un cuerpo, es un signo.
Por el contrario, y apoyándome en Slavoj Žižek, podríamos observar este acto como el vacío ideológico de la sociedad del espectáculo. Si en el pasado el arte provocador tenía un sentido subversivo, en la era de la saturación digital su impacto está vacío de contenido, reducido a simple capital simbólico. Ye entiende esto y lo usa a su favor. La performance con Bianca no pretende decir nada concreto; su único objetivo es dominar el flujo de atención, reafirmando su estatus como "arquitecto del ruido".
