Yo no lo quise, tampoco lo solicité. Pero sin poder frenarlo, está ocurriendo que algunas interesantes cuestiones sobre la identidad artística en el panorama sociodigital actual (y futuro) están desembocando en Timothée Chalamet.
De repente, percibo al popular actor como un un eje sobre el que recae la evolución de algunos conceptos que parecen no tener conexión entre sí: la relación entre lo trivial y lo trascendental, la maleabilidad de los iconos culturales y la suplantación y/o renovación de la celebridad en un sustrato en el que nada morirá ya nunca más.
Es bastante probable que ninguna actuación de Bob Dylan haya recibido la inmensa cantidad de interacciones que ha recibido la imitación del actor francoestadounidense en su última aparición en Saturday Night Live. La celebridad, que aún no supera la treintena, interpretó 'Outlaw Blues', 'Three Angels' y 'Tomorrow Is a Long Time' en el popular espacio televisivo, donde se encargó simultáneamente de las tareas de host y de invitado musical.
En este post de Rolling Stone, donde informan del acontecimiento, podemos ver mensajes como "It was truly a great little blend of Bob and him, and respectfully different" o "He did an amazing job. How wonderful, too, that he is helping expose new generations to the timeless poetry and beauty of Bobs songwriting."
Esta actuación no es fortuita: llega obviamente respaldada por la última interpretación de Chalamet, que da vida al primer Bob Dylan en el film A Complete Unknown (2024), la enésima prueba de que el biopic es una de las estrategias más sólidas para reintroducir el legado de valioso copyright (en este caso, el catálogo de Bob Dylan, vendido en 2024) en el nuevo mainstream generacional. Como ya recalqué en esta publicación: cada vez hay menos iconos y menos música icónica, y la que ya existe es un valor al alza que puede dar frutos ad infinitum a sus propietarios (vía streams, vía productos derivados o estrategias de este tipo).
Es decir: para los propietarios de los derechos sobre el catálogo de Bob Dylan, la renovación de la imagen de este mito estadounidense es una gran noticia. A partir de ahora, muchos jóvenes relacionarán las canciones y poesía de Dylan con su actor favorito, asegurando la performance de esos registros en plataformas de streaming. Pero... ¿son estas nuevas generaciones capaces de (al contrario de los comentarios mencionados y extraídos de la publicación de Rolling Stone) discernir quién es el original y quién es la simulación y/o el sustituto?
